lunes, 4 de abril de 2011

QUE NADIE DOBLEGE SU AlMA

Navego por las avenidas de este cuerpo que surge entre los escombros de su derribo. Ya no hay murallas ni rejas que la oculten de este mundo que despedaza a sus presas. Ya no engalana vestimentas ni zapatos, se muestra desnuda ante los ojos inquisidores de aquellos que no aceptan su estirpe. Pero ella camina con paso firme, sereno, tranquilo…

Descubrió el origen de esos labios que se enmudecen ante el soplo del viento, despedazó entre llantos los entresijos de un pasado nublado de carencias. Ahogó las falsas creencias, las ideas remilgadas asidas a su carne cargada de culpa, de miradas obtusas que nunca vieron más allá de la piel que cubría su esencia. Asesinó entre gritos su silencio y alzó la voz para no volver a callarla. Descuartizo sus miedos, su vergüenza y abrió su pecho para mostrarse ante el mundo. Se cansó de adormecer en el umbral de la elipsis, de permanecer en el  crepúsculo para no oír su llanto.

Camina segura sin volver la vista atrás, nada quedó de aquella guerra. Se depusieron las armas y se ahogaron entre lamentos los años vividos. Las huellas se van borrando por el mar de su sollozo. Son los recuerdos sin alma de una vida enclaustrada entre paredes de hielo. Una existencia manipulada por las manos de aquellos que vetaron su vida.

Su cuerpo diminuto pide clemencia, pide ser rescatado de ese lugar a donde se marchó para escapar de su suicidio. Aúlla en las noches de luna llena para recordar que sigue ahí, jugueteando entre sus muñecas para seguir viva dentro de ese confinamiento.  Sus labios susurran canciones de amor, anudando momentos para que no se evaporen entre las lágrimas.

Ahora se miran de frente, se observan y se abrazan. Se funden en una, sellando con esta unión la tregua dentro de esas derrocadas murallas.

La paz anega la estancia, la concordia friega la sangre derramada, los años de luto, y de armonía sesgada. Ahora puede mostrar su dolor, su agonía frustrada, sus años de lucha, su moral mancillada.

Camina con la cabeza alta, desnuda sin pudores en el alma, ella es pura de casta, de raza, que nadie calle su verdad, que nadie doblegue  su alma.



                                                                                              HILAVE    Abril 2011


domingo, 27 de marzo de 2011

AMOR DENTRO DE LOS CONFINES DE MI CUERPO

AMOR DENTRO DE LOS CONFINES DE MI CUERPO



Donde la noche esconde los retales de este sentimiento huyo a tu encuentro. La luna despierta los enigmas de mis sombras, desnuda las alboradas del sufragio. Navego sin flota por los pliegues de mi piel y penetro lentamente en los suburbios de este cuerpo donde la sangre se derrama y grita por hacerse un hueco.

Amanezco en la fuente de este sentir tan profundo, en la raíz de esta emoción que vive y muere cada día en la parte racional de mi persona. Roza mis cabellos tu ternura, acaricia mis labios tu nobleza y despedaza en miles de jirones los rastros olvidados del espacio destronado de tu imagen. Despliego las puntas dobladas de tu estirpe, vislumbro la mota dimitida de este nacer entre mis entrañas, y acuno mi alma.

Despliego mis alas y vuelo a ese cielo donde las sombras escapan sin oportunidad para instalarse, donde la luz desmenuza toda oscuridad.

La cordura sale huyendo ante el despliegue incondicional de este amor que implora no morir entre las sombras. Que suplica que alce la voz, que no calle lo que siento.

La razón lucha por hacerse un hueco, me insta a transmutar el sentimiento, a disipar entre las cuerdas de este instrumento aquello que mi alma me grita como verdadero. Pero ya no puede hacerlo, ahora nadie puede hacerme escapar de esto que bulle en mi pecho exigiendo una salida, implorando que lo acepte, que lo admita dentro de mí ser. Qué es algo muy bello, algo que nació para vivir, para escaparse cada noche de luna llena a saborear a sorbos la magia del momento.

La rabia quiere sentarse a tu lado, quiere imponer los dictámenes de su linaje, pero, el amor lo ocupa todo, no hay cabida para ningún otro sentimiento.

El tiempo conspira para que te deponga, para que esto que me acaricia lentamente el corazón desaparezca. Pero, es imposible, ya es imposible. Todo me lleva hacia este sentimiento que inunda toda mi alma, que brota de mis labios cada vez que te nombro. La distancia sólo es una efímera sensación que mi alma no reconoce, que las huellas olvidadas del cariño reclaman, pero los vestigios ocultos se asientan cada día entre las entrañas acoplándose sutilmente en mi organismo. Regando sin piedad cada poro de mi piel, de mi carne, de mí sangre.

Se desvanece tu imagen en las agujas de este reloj que nunca se detiene, se desvanece el roce de esa piel suave que reclama mis manos recorriéndolos, desaparece el sabor suave de tus labios jugando con mi boca un baile de deseo. Se esfuma entre las antorchas apagadas del recuerdo todas las carnales sensaciones, llora la luz de mi agonía por volver a acercarme a tu boca y navegar lentamente por el cráter incandescente de tus palabras. Recorrerlo y ahogar sus lamentos entre los arrumacos de mi lengua llena de cariño. Sentir entre sofocos la llama de este sentimiento que se enciende al roce de tus dedos. La carne, los huesos desaparecen entre tus manos, ellas surcan canales invisibles a los ojos humanos, avenidas imaginarias que sólo las almas eternas tienen acceso.

Se esfuma la carne pero permanece el sentimiento. El vive en mí desde siempre, desde la cuna ancestral de mis antepasados, desde el inicio de este peregrinar por los confines de este planeta que se muere entre las manos de los hombres.

Ya no quiero escapar de él, ya no puedo. Sé que se funde con mis entrañas, que camina por mi sangre, nutriéndola, regándola de todo aquello que soy, que era, que fui desde el principio de los tiempos.  

Me ha devuelto a la vida, me ha regalado el sentimiento perdido entre las sombras de ese gentío que no entendía el llanto de mi casta. Anudo las sensaciones a los botones de mi chaqueta para que nunca olvide que nació, vivió y murió en mi cada día de mi existencia. Que es la luz de esta vida que se debate entre el cielo y la tierra, que llora por la ignorancia de esta humanidad que olvida los designios del destino, que vive entre tinieblas para no enfrentarse al sentimiento.

No me pidas que te odie, que te olvide, que te saque de mi recuerdo. Porque tú eres todo aquello que quise, que querré y que quiero.

Cuando te nombro, sólo siento amor inundando mi boca, mis ojos, mi aliento. Sólo siento amor, porque tú eres amor dentro de los confines de mi cuerpo.




                                                                                                                                HILAVE




















viernes, 25 de marzo de 2011

ANTES QUE SE MUERA EL SENTIMIENTO

ANTES QUE SE MUERA EL SENTIMIENTO

No perderé mis sueños detrás de una sonrisa fingida
Ni de un apretón de manos teñido de compostura
Ni fingiré alegría cuando mis ojos se llenen de lágrimas
Ni volveré a callar cuando mis labios imploren derramar un te quiero
No perderé mi alegría siguiendo con mis ojos una mirada que no mira
Que no sabe a donde va y se deja llevar por las sombras del mundo
No volveré a saborear la derrota de un silencio
La esclavitud de una palabra, la fantasía de un amor que se esconde entre murallas
No perderé mi vida, entre sabanas de ausencia
Entre manos que me esquivan y entre labios que no esperan
No volveré a perder mi tiempo entre las ranuras del olvido
Deshojando margaritas en las madrugadas vacías de cariño
No perderé mis segundos desvistiendo sentimientos
Engalanándolos de mentiras, de comedidas palabras
Para saciar un cuerpo que se orgullece de controlar las razones del alma
No, no perderé mis letras en papeles invisibles
De aquel que no quieren ver más allá de esta piel que cubre mis manos
No volveré a sucumbir a la voz de tu letargo
Que muere lentamente entre acordes y guitarra
Que eso no es vivir, que eso es sólo deslizar los pies sobre el asfalto
No, no perderé mi tiempo hurgando una quimera
Adicta a las sombras, a las heridas abiertas
Que no se permite el sorbo relajado de una copa de ilusión
Por miedo a una muerte segura entre caricias y abrazos
No perderé mi vida en las calles de disfraces
Donde bailas sin música y sonríes sin muecas en tus labios
No, no desvestiré mis ilusiones para vestirlas de falsas apariencias
Aún sueño con magos sin chistera y príncipes que se convierten en sapos
No, no perderé mi inocencia entre pijos y remilgados
Que encubren sus lágrimas entre sus trajes largos
No, no zurciré mis zapatos de mediocridad
Me gusta el roce de manos, las heridas en mis pies
Y el sucumbir a la tentación de unos ojos que no ocultan lo que vibra debajo de sus manos
No, no me vestiré de largo, con falsas etiquetas y media tinta de abrazos
No, no permitiré que vuelvas a callar mis labios
Ni que ates mis manos y amordaces el sabor de este corazón incauto
Amo a corazón abierto, sin barreras sin sedas que oculten mi llanto
Que lo otro no es vivir, es simplemente oler las flores sin usar el olfato
No, no permitiré que sigas jugando
Ahora dejaré que te vayas, no detendré más tus pasos,
Camina tranquilo, nadie perturbará esa paz que andas buscando
Esa donde las heridas no sangren, donde el corazón salga ileso del combate
Adiós, amor, vete rápido
Antes que se muera el sentimiento,
Antes de que las flores se abran a mi paso.
















                                                                                                                                 HILAVE


MURIENDO POCO A POCO

MURIENDO POCO A POCO


Muero lentamente entre los pliegues cansados del silencio. Hurgo los desastres de tu contienda exprimiendo cada poro de tu aliento. Mancillas mi nombre en pro de esos muros que contienen tus debilidades. Me exilias de tus tierras evitando mi sublevación.
Camino despacio por las avenidas preñadas de miedos, abortos gritan mi nombre mientras tú te escondes entre las fieras.
¡No agacharé mi cabeza! Altivo dibujé amaneceres en tus laberintos, arrollé sin piedad los esquemas inalterables de tus anhelos. Pisoteé las agujas insurrectas de las maniobras maquiavélicas de tus centros. Y aún así me destierras a los confines de esos lagos que ahogan mi fuerza, mi empuje. No entiendes que para huir de mí antes debes enfrentarte. Permaneceré en ti a expensas de que consigas aniquilarme. No desistiré en mi empeño de vapulearte para que despiertes de tu letargo, para que mires de frente a ese niño que vive esperando una oportunidad para existir, para gritar, para reír.
Pero mientras tanto muero lentamente entre las manos juguetonas del olvido. Me ocultas entre las sombras de tus miserias, amordazas mi boca y me velas entre cortinas de cordura y frialdad. Juegas al escondite asfixiando tu aliento entre guirnaldas de sutilezas, controlas cada grito de mis manos y me devuelves sin mirar hacia la esquina de mis castigos.
De reojo a veces me observas en silencio y me anhelas. Tu alma despierta en fragmentos de segundos pero tú arruinas todos sus intentos.
Quiero marcharme antes de morir entre tus garras, la sangre corre por mi cuerpo moribundo mientras contemplo tu caída,  lucho por mantenerme en pie en ese mundo sin luz en el que te escondes a diario, pero la tierra bajo mis pies se desvanece a cada paso, y el lodo me engulle hacia lugares desiertos de sueños, de esperanza.
Pido clemencia, quiero exponer mis alegatos antes de ser juzgado y crucificado. Quiero mostrarte el abanico de colores que te pierdes ante tu ceguera de vanidades. Reglas rígidas se instalan en tus fisuras llagadas, que nadie las toque, que nadie las sane, que la sangre no se derrame ante el mundo, porque pueden ver aquello que escondes con tanto disimulo. Aquello que desmorona tus obsoletas verdades.
Te escondes entre vinos y canciones. Te infiltras en sus vidas vacías para no sentir la soledad de esa habitación desierta. Finges alegría cuando alzo la voz, cuando por las rendijas de tus cicatrices salgo a la superficie. Entonces el vacío se instala en tus adentros y huyes sin dirección fija, tropiezas con muros y puentes, corres y corres para no tener que darme explicaciones. Para no tener que enfrentarte a ese espejo que te muestra los abismos de tus miedos. La verdad de tus quimeras, la ansiedad de ese espacio lleno de recuerdos.
Lloro en silencio dentro de tus fisuras, clamo mi lugar en tu mundo y taconeo para que oigas mis pasos. Voces al viento eclosionan cerca de tu cabeza para apartarte de ese lugar, para que te adentres en ese corazón olvidado que exige tu mirada. Para que escuches sus súplicas, sus reproches. Para que desmanteles todos tus axiomas banales y oigas los murmullos sutiles de las luces que serpentean a tu paso.
Voy muriendo poco a poco, envenenado por las cumbres borrascosas que planean sobre tu asfalto. Millones de paraguas salen a tu lado, evitando que te empapes, que un rayo te parta en mil pedazos. Pero tu insistes en permanecer bajo la lluvia, que cale muy adentro de ese sufrir que corroe todas mis esperanzas. Me ahogo entre tus aguas, penetra por mi olfato y se desliza por mi garganta. Ciego siento tu descaro, tu desplante. Esas risas calladas que se orgullecer de aplastarme, de alejarme antes que el cataclismo de mis simientes haga mella en tu vientre.
Ganarás la partida, lo sé, miles de soldados combaten en tu nombre, orgullo y vanidad se llevan la palma, ellos se visten de gala mientras que a mí me coronan de harapos.
Partiré sin dilación, partiré ocultándome entre esas cicatrices que supuran tu descontento, esas que enmascaran el sentir de tu cuerpo.
Voy muriendo poco a poco, durmiendo mis ojos y cerrando mis brazos.








                                                                                                                                 HILAVE

viernes, 4 de febrero de 2011

¿ESTO ES AMOR, ES LOCURA, ES APEGO?

Este amor no tiene freno, me oprime las entrañas, circula por mi sangre regando mi cuerpo, empachándolo de vida, de desconsuelo. Mana entre mis grietas, entre los laberintos escondidos del deseo, aúlla en la noche silenciosa, brama alto para que lo escuchen hasta los espectros.
No silencies mis palabras, que ellas no tienen dueño,
¿Por qué callar lo que siento? ¿Por qué hacer mudo el sentimiento?
Mete tu mano en mi pecho, desnuda la carne que cubre mi cuerpo, acuna al corazón que tiembla entre lloros y lamentos. No me pidas que me calle, que ya no puedo. Tus labios me instan a besarte, a devorarte poco a poco, a mezclarme con tu cuerpo. Este amor engulle todas mis verdades, me captura, me encarcela en un mar de tempestades, donde la calma huye avergonzada, de ese torbellino que arrasa sin piedad todos los raciocinios de esta piel desnuda de pudores y recatados sentimientos.
No tapes mi boca, que quiero lamer todos los rincones de esas manos delicadas que me rozan despertando a la mujer que llevo dentro, atizando el fuego, excitando al paladar de esta boca que se zambulle en las delicias de tus besos. Mi lengua brama sin control por asirse a esa compañera parlante que se esconde  en  el silencio.
Déjame derramar mi lava, déjame que riegue tus montes, tus mares y el asta del barco que navega mar adentro. Que no puedo seguir callada, que no puedo ocultar por más tiempo lo que siento. Bulle dentro de mí, pidiendo salida entre los muros en los que lo tengo preso.  Qué sé que no te debo amar, que sé que este amor es morir  despacio entre tus brazos, entre la seda de tus dedos.
Insurrecta de mi mente,  sublevada de falsas emociones, de sutiles movimientos.  Ya no sé vivir sin alma, me he empachado de pasión, de vida, de el aletear de unas alas que vuelan tan alto que el tiempo no puede detenerlas.
Has llegado arrebatando mis ideas inquebrantables, devastando mi cordura, mi sensatez, la discreción de esta mujer que permanecía en el anonimato, detrás de los espejos, abrazada a las sombras, a las tinieblas de los sentimientos. Callados para no despertar a las fieras, a las emociones deshonestas, al descuidado de formas, a las escandalosas apariencias. Pero mis codiciosos pensamientos volaban alto dentro de mi cabeza, a la espera de tu llegada, a la espera de escapar de esas trincheras, donde sólo había muertos, fallecidos y falsos combates entre el descaro y las sutilezas.
Que no quiero comedidos movimientos, que mi cuerpo brinca por caminar desnudo sin ataduras, sin disfraces que camuflen el sentir de este volcán incandescente que bulle dentro de las paredes de este esqueleto.
Que quiero que explote sin caridad, arrasando sin piedad todos tus controlados pensamientos, que los desnude, los deje al descubierto, sin velos que oculten el manantial que corroe los entresijos de tu alma. Que el dolor los está devorando lentamente, sin pedir permiso. Despojándote de la pasión que mueve los mas devastadores enemigos de tu cuerpo.
Que no quiero seguir muriendo, que si he de amar, amaré, a pecho descubierto, que no me dañan tus puñales, que penetran muy adentro. Porque ellos me dan la vida, el sentir de este pedazo de carne que cubre la flor de mi esencia.
Que ya morí una vez, por callar, por amordazar a este ser que llevo dentro. Por amar lo imposible, por desear el árbol prohibido, y desatar la locura y el desenfreno.
Que tengo celos hasta del viento, ese que te roza las mejillas, penetra por tus labios, baja hasta tu barriga y acaricia las grutas de tu cuerpo.
¿Esto es amor? ¿Es pasión? ¿Es locura? ¿Es apego?
Esto es simplemente vivir, sentir la alegría de tener un cuerpo, de desatar los brazos, de despojarse de los dogmas existenciales, y de las normas del buen comportamiento.
¡Deja que grite mi verdad! ¡Déjame ser libre dentro de la guarida de  esta mujer que aclama su libertad como sustento!
Que amo, amo de verdad, amo… sin tapujos, sin medias tintas, sin pedir permiso para sentir el sentimiento.
¡Déjame que grite! ¡Déjame ser mundana, ser obscena! Que mi sexo arde en alaridos de guerra, en súplicas de tambores de contienda.
Tú has despertado a la fiera, a la prostituta en pañales, a la ramera. Esa mujer que lloraba dentro por salir a escena.
 Cansada de tanta farsa, de tanto morderse la lengua. De permanecer dormida mientras su alma se debatía entre la paz o la guerra.
No calles mi verdad, vete a otro lado si te escandalizan mis descontrolados movimientos, el mimo se atrevió a hablar, a alzar los brazos y despojarse de su vestimenta. Desnudo va por la vida, mostrándose en cada acera, no oculta ya su otra cara, aquella que tanto asusta a aquellos que ocultan su apariencia.
¡Te amo! Lo grito a voz muy alta,
¡Te amo! Ya no me asusta lo que siento.
Pobre aquel que tapia sus sentimientos, sus gritos amargos, sus lamentos. Navegan en mares en calma, nada les aturde, nada les frena.
Pero ¿eso es vivir? ¿Eso es sentir que la vida te apresa?
En esta vida hay dos maneras de andar. Caminando tranquilo sin que el aire despeine tu cabellera. O mezclándote con el murmullo, dejando libre el sentir de tu cuerpo. Gritando si has de gritar y amando sin medidas, simplemente dejando que el huracán irrumpa entre tus grietas, desestabilizando tu monótona existencia.
Que no hay mayor dolor silenciado que aquel que por miedo a sentir no siente lo que la vida le ofrece. 









                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 HILAVE        febrero 2010

jueves, 3 de febrero de 2011

DISTRAER AL CUERPO Y MATAR AL ALMA

Vago errante por los senderos oscuros del destino, te busco entre las sombras y tu luz se desvanece a cada paso. Mi piel se desgarra con tu recuerdo, se deshace en mil preguntas sin respuesta, en infinitas sepulturas que ocultan el sentir de este cuerpo que se resquebraja poco a poco y no consigue encontrar ese sustento que sacie esta hambre primitiva que me corroe las entrañas cada vez que te pienso.
La brisa fresca de la mañana, me mece, me invita a adentrarme en esa selva donde las fieras devoran a sus presas, se alimentan de su letargo, de sus miedos. Me empujan con descaro a pisotear las alfombras del vecino, a comulgar entre la gente, y entonces los abrazo, los siento. Me sacio de esa carne que devora mi alma, y alimenta mi cuerpo. Se nubla la esperanza y este yo cansado de esperarte desfallece, se deja acunar por esas almas que caminan a mi lado, rozándome. Instándome a olvidarme de este yo que se eleva entre la niebla buscándote.
Pero por muchos cuerpos que devore nunca me sacio, mi alma anda hambrienta, famélica de ese amor que colme mis ansias. Son ínfimas las migajas que me ofrecen, porque siempre apareces tú en mi recuerdo, ese tú que me hace temblar con tu mirada, ese tú que mece mi alma y zarandea mi mar en calma. Pero Cansada de esperarte sigo mi camino, me mezclo con la gente, bebo a sorbos sus designios, palpo sus miserias, hurgo entre sus grietas, para volver a contemplar la similitud de esos cuerpos vagabundos, que se contornean en esa soledad que se instala en sus chaquetas.
Y mientras camuflan sus descontentos entre adornos de caretas y aliños de compañía, sus almas, esas que se encuentran en las cuevas de esos cuerpos, desfallecen poco a poco, se hunden en sus infiernos insatisfechos.
¿Nunca comprenderemos que el amor no es pasión sino ternura encerrada entre unas manos que suavemente se deslizan por tu espalda?
No, estamos demasiados ocupados en distraer al cuerpo y matar al alma.


HILAVE 1 febrero 2011

miércoles, 19 de enero de 2011

ENCERRADA ENTRE DOS MUNDOS

ENCERRADA ENTRE DOS MUNDOS


Donde anidan las alondras viraré a descansar mi vuelo. Las alas rotas del aliento suspiran levemente, me invitan a zambullirme en los cráteres de sus vencidos y en las fosas de palabras moribundas que no encuentran descanso en este suelo.
Se descosen los sueños, las maniobras suculentas de la añoranza vienen a visitarme, me invitan a derrotar las armas, a sucumbir a los encantos de la carne, a olvidar los lazos invisibles que difícilmente encuentran su sitio.
Todo se vuelve efímero, las formas sutiles del camino se enmarañan, se vuelven laberintos. Me enredan, me embaucan, tapan mis ojos con sábanas blancas y ocultan las huellas del sendero transcurrido.
La duda corroe mi carne, la certidumbre camina aletargada por mis entrañas. El ayer se fue y el presente no llega.
Encarcelada entre dos mundos, aquello que fui y esto que soy. La nostalgia viaja en mi maleta, y de noche se acopla a mi piel como pijama donde descansa mi sueño. Detiene mis pasos y me aprisiona en un mar de añoranza desierto. La arena de las dunas penetra lentamente en mi letargo, rellenando las grietas con falsos muros que rápidamente se resquebrajan. La oscuridad asoma a mi ventana, mis ojos no ven más allá de esa espesa niebla que oculta lo verdadero.
Me detengo a descansar, lo grande se hace pequeño, el amasijo de los momentos que se fueron me visitan a diario. Se interponen en mí caminar, me dan la mano, me instan a desandar lo andado pero yo… no quiero.
El aletear de mis alas, pierde su fuego, son pequeñas llamas incandescentes que al rugir del aire se apagan lentamente. Las fuerzas se van muriendo, agonizan la esperanza y el anhelo. Los destellos pierden su brillo, las luces ya no las veo.
Es momento de detener el vuelo. De zurcir mis remos, de encontrar las gafas graduadas de mi ceguera. No me empujes a seguir volando, que los muros de mis ventanas ocultan aquello en lo que creo. Que hoy vacilan hasta mis huesos.
Mis sentimientos se esconden furtivamente entre mis pensamientos, se aúnan y eclipsan el sentir de mi cuerpo. Me detengo a descansar, a adentrarme en los confines de este ser que llevo dentro, él sabe la verdad, mi verdad, esa de la que ando huyendo.




Hilave 16 de Enero 2011