miércoles, 21 de septiembre de 2011

DUELE...


                                                                          
DUELE… 

Duele la daga con la que envenenas la piel de mi memoria  Duele la crudeza con la que lapidas lo vivido. Duele el corte gélido, con el que amputas todo sentimiento. Duelen las palabras frías, sin alma y sin latidos.

Duele el disparo certero, en el centro de la diana. Duele la brecha que se abre en el remolino. Duele, la capa con la que envuelves la muralla. Duele haber estado y duele haber creído.

Duele alzar la voz y nunca haber oído. Duele inmolar los sentimientos, por ser incomprendidos. Duele esta libertad, que se  eleva en alaridos. Duele querer y no poder, rescatar los momentos compartidos.

Duele huir de la batalla avergonzada, demasiada puñalada por la espalda, sin ganadores, ni vencidos. Duele, el tiempo derrochado en tu silencio inmerecido.

Duele, agachar la cabeza abochornada por impregnarme con tu olor; ignorando, que todo fue una estafa, envuelta en engaños y mentiras.

Duele matar la garganta que grita desgarrada el daño cometido.

Duele ser humana. Duele ser mujer y duele haber querido.

                                                                                                           HILAVE septiembre 2011





domingo, 18 de septiembre de 2011

MUERE TU NOMBRE


MUERE TU NOMBRE

 Ni amor, ni deseo, ni simplemente sexo…

Agonizan las voces que escupían tu nombre en la mendacidad que eleva el llanto. Y en el derroche de dolor gratuito; comprendo, la hipocresía con la que mantenías este sentimiento.

Bulle la pena, eclosionando en una catarsis  de verdades escondidas. De silencios manipulados, de disfraces de nobleza, de esa sinceridad ambigua con la que me atabas a las sombras.

Paseo  sigilosa por los momentos de mi historia, de tu historia, de nuestra historia. Y la estupidez se viste de largo en un baile de máscaras, donde la mentira se pasea a sus anchas sin más traje que la ignorancia.

¿Qué fue entonces, pitufilla, pelusilla, cielo, todo ese despilfarro de palabras? ¿Qué fueron  aquellas miradas? ¿Qué fue aquella mano que acariciaba mi vientre? ¿Qué fue del sentimiento que se prendía debajo de la almohada?

Mentira, todo mentira...

Se extingue las sombras en el filo demoledor de toda esta farsa.  En el regocijo inhumano del que todo sabe y todo calla. En ese querer embustero, que se vanagloria de ser honesto y ecuánime con sus palabras.

En ese juego de dardos a un corazón que clama, en el que nada importa, en el que el querer, es una patraña.

Muere tu nombre en la noche clara. Porque no hay mayor mentira, que aquella, que solapadamente alimentas, bajo el regazo del que no habla.

                                                                                                             HILAVE septiembre 2011


lunes, 12 de septiembre de 2011

NO ES APETITO DE CARNE, ES HAMBRE DE ESENCIA


NO ES APETITO DE CARNE, ES HAMBRE DE ESENCIA

 Detente, surca lentamente mi cuerpo. Déjame sentirte sin la prisa del tiempo.

Tócame despacio, que mi piel se inunde de tu cuerpo. Quiero preñar de tu tacto todos mis poros sedientos, emborracharlos de tu néctar, de esa melodía que brota cada vez que posas por la curvatura de mi espalda tus dedos.

No busques atajos, recorre uno a uno, todos los recovecos de mis sueños. Transita todas mis avenidas repletas de semáforos, y detente, en cada uno de ellos. Que quiero saborear tranquila el sabor de tu piel, la suavidad de tus manos, las palabras de tu boca, el paladar de tus labios.

No tengas prisa, fecúndame de ti, hasta que se haya saciado mi piel, mi boca, mis ojos, mi sangre, mis huecos. Que toda yo, te pertenezco. Porque quiero comértelo todo, hasta ese dolor que has cosido a tus huesos.

No tengas prisa, que quiero impregnarme de ti, que hoy soy marea esperando a tu calma, para que te hundas en mí. Que quiero mecerme en tus brazos, sentir ese  crujir mis entrañas cada vez que se acerca tu aliento. Que quiero ignorar el mañana, detener este momento y permanecer siempre aquí.

Pero ahora, rózame, quiero sentirte sin piel. Quiero adentrarme en tus escondites secretos. En ese manantial que brota de tus ojos, en ese silencio con el que desnudas mi alma y adormeces mi cuerpo.

Riega las semillas que plantaste, que están sedientas. Necesitan de tu alimento. De la fuente donde manó la primera lágrima, de donde nacen la sed y el deseo.

Porque quiero bebértelo todo. Hasta esa risa de niño que escondes, esas heridas que permanecen abiertas, ese penar por las calles de la amargura,  ese te quiero que silencias.

Recórreme despacio, que soy fuego encendido añorando tu hoguera. Qué hoy estoy hambrienta. Dámelo todo, tu boca, tu lengua, tus voz, tu silencio, tu grito, tu ausencia. Que quiero comerme hasta tu último aliento.

No te vayas aún, que el alba se acerca. Acurrúcate a mi lado, que nadie descubra que soy una niña pequeña. Que hoy se han abierto mis miedos, y galopan por mi alcoba, como perro sin dueño.

Penetra en mí, hazme tuya por siempre. Siembra en mi vientre tu estirpe, quiero sentirte ahí adentro. Quiero que crezcas en mí, entre estos laberintos siniestros que a veces frecuento. Que bebas de mi sangre y te alíes con mi cuerpo.

Quiero mecerme en tus nalgas, derramarme en el hombre, inmolarme en tu piel y acoplarme a tu esencia.

Dame un último sorbo, que hoy no quiero que te desvanezcas... porque…

¡Te echo tanto de menos! ¡Y duele tanto tu ausencia!
Que quiero saciarme de ti, antes que desaparezcas.




HILAVE septiembre 2011


sábado, 10 de septiembre de 2011

MÁTAME O ÁMAME


MÁTAME O ÁMAME

Ella despertó y vio que no llevaba puesta la armadura. Miró a su alrededor… todo estaba desierto; pero al alzar la vista, lo vio a él, allí, en lo alto de aquella muralla infranqueable, empuñando su arco. Y comenzó a dar pasos silenciosos en medio de aquella nada que la acompañaba. Sabía que él la estaba observando, que aún desde aquella posición privilegiada, él seguía sintiéndose inseguro; la fuerza de ella, era demasiado devastadora.

No titubeó ni un momento, sabía que su sino estaba marcado. Que ya no podía dar marcha atrás, que era el principio del final, o el final del principio.

Mientras caminaba, recordó aquella armadura que había llevado puesta tantos años. Era de metal, dura, fuerte, inalterable. Y una lágrima rodó por su mejilla aliándose con su pasado. Le había sido necesaria durante todo ese tiempo de lucha y guerra. Con ella, se sentía segura, a salvo. Nadie podía ver a la mujer que allí dentro se escondía. Al ser humano que huía de la luz, para instalarse en las sombras.

Ahí, entre ese amasijo de hierros, todo era posible. Nadie podía imaginar cómo era el latir de ese pecho. Nadie podía alcanzar sus miedos, sus inquietudes, sus terrores nocturnos a la luz de la hoguera. Era uno más, luchando en esa guerra. Uno, como tantos otros, que había hipotecado su vida a esa armadura de hojalata, donde nada entraba, pero tampoco nada salía.

Era seguro, ella lo sabía.  Era la mejor opción en ese mundo de locos, donde los sentimientos no pueden dejarse al descubierto. Donde a las almas puras, se las condena, se las juzga,  se las abuchea. Donde se permite una sonrisa, pero se sentencia una lágrima.

Todo estaba permitido, sí, menos ser ella. Eso, era demasiado peligroso, demasiado insensato. Si la conocieran, tal cual es, no la aceptarían. No encajaría en ese juego de máscaras, donde todo se esconde. No entenderían, que a veces hace trizas su vida, la destripa, la pisotea. Porque a veces, ella, es su peor enemigo.

No entenderían, que en ese ser de luz, también hay sombras. Que en ella habitan tanto el bien como el mal; sólo, que ella decide que hacer con ellos. Nadie comprendería, que a veces tiene dudas. Que a veces, se encuentra en la cuerda floja y desearía arrojarse al vacío y salir volando hacia algún lugar remoto, donde nadie pueda encontrarla.

Nadie entendería que le da mucho miedo enfrentarse a sus miedos. Porque sólo ella conoce, lo que se esconde detrás de ellos. Y así quiere que sea.

Nadie entendería, que cree en el amor eterno. Que busca la locura de la razón, el temblor que nace en el pecho… ése, que no tiene explicación, ése, en el que nada es perfecto.

Nadie entendería que le gusta meterse en su mundo, ése que ella ha creado, minúsculo y lúgubre. Porque, no se adapta a los hombres, aunque a veces juguetea con ellos, los roza, los saborea. Es uno más, de cara hacia fuera.

No, no podía quitarse la armadura… ¿Quién la querría?

Y de repente en medio de aquel silencio, se escuchó el sonido de una flecha que iba directa a su corazón. Miró hacia arriba, se topó con sus ojos marrones color miel, cayó al suelo y murió.


                                                                                                          Hilave septiembre 2011

viernes, 9 de septiembre de 2011

UNA MOTA SIN UN SINO



UNA MOTA SIN UN SINO

Mueren mis pasos en este palco de títeres. Mueren todos los intentos de ser persona, en esta escena en la que todos salen ilesos. En los que no se derrama la sangre, en la que el puñal no abre carne, sino huesos.

Muere este yo, que a media voz, se deshace entre sonrisas. Muere el pecado original, donde la manzana rueda por el suelo, sin consorte, ni apetito. Porque nadie sucumbe a las pasiones carceleras de un instinto primitivo que  arde en las entrañas.

Muero, en este abismo de emociones que no encuentran el camino. Que cansada de buscar y no encontrar, se vuelve a su escondrijo. Muero y  mueres en la cascada de este manantial que además de agua escupe fuego camuflado en las raíces del subsuelo; en el punto oscilante de un enigma.

Muero y me marcho de este teatro de luces donde todo resplandece, donde las sombras se disfrazan de luces, donde los mimos recobran la voz y gritan tal alto que me duelen los oídos.

 Muero y en el foco de este crujir estalla una astilla, clavándose tan fuerte que me hunde en mis abismos. Desangrando todo a su paso, renegando de esto yo, que inventé para existir, mutilando este duelo de carcajadas que sólo fingen vivir.

Muero y me maldigo por no poderme coser, a este mundo de farándula al que me había inscrito. Pero es que me duelen las puntadas. Los agujeros se desgarran, cuando a la luz de la hoguera se vela lo invisible.

 Muero y los buitres revolotean esperando mi derribo. Huelen la sangre putrefacta que como hilachos se derraman por mi abrigo. Pero ya no tengo fuerza, ya no puedo asirme a sus destinos.

Muero y gime el polvo del camino. Huye asustado por mis gritos, por ese trotar en estampida de las fauces de la vida. Me meto en mi guarida. En la choza que creé para escapar de los aullidos. De ésos que alzan mi boca y perturba mis sentidos.

Me rindo a lo que soy. Me hundo en este cielo mal herido, huyo de este penar por la tierra de los hombres en la que no encajan mis latidos. Porque nací para morir, para aferrarme a los corazones doloridos, a los enigmas escondidos, a ese agonizar sediento que jamás encuentra su camino.

Porque, soy lo que soy… una mota sin un sino.



                                                                                             Hilave septiembre 2011

sábado, 3 de septiembre de 2011

EL DESPERTAR DEL NENÚFAR


                      EL DESPERTAR DEL NENÚFAR

 Nace el primer escalofrío, en el epicentro de este temblor que sonroja mi carne. Repta en el flujo hacedor, la salvia que solapadamente me insta a beberte.  Ruge el aire, y en la linde de la cordura, se sostiene el deseo.

Soy tallo que no cede a tu paso. Rizoma, engendrando Nenúfar,  en el letargo invernal donde se acallan sus flores. Soy lamento, en esta oquedad nocturna, donde llega la primavera.

Habla la sangre y la calma los huesos.

Sofoco este fuego, con la arena solitaria que robé de tu playa. Mitigo mi hambre y apaciguo las brasas, que prendidas permanecen sedientas.

Pero… cruje el aire y en los suburbios del sentir, se rompe la diáfisis de la matriz ósea, que sostiene este esqueleto. Me adentro en el fondo de este estanque de aguas mansas, elevo mis flores, desprendo mi aroma, te siento muy dentro,  y...

Yerra la tenue luz, que agoniza las sombras. Yerra la mano que calla al grito y la boca, que sostiene las letras furtivas, que se ocultan en ese bosque anegado de mutismos circunspectos.

Yerran todos los intentos, de acallar este aullido, en el manantial de este yo proscrito, que cansado de media voz, se eleva hacia la fuente que adultera los silencios. Explosiona una emoción, derramando su lava, por los perfiles rectilíneos de este sentir, mutilado en las madrigueras de mi cuerpo.

Me resigno a este yo, que late por latir. Me aferro al fuego eterno, a los barcos a la deriva, a las arenas movedizas y a los pasadizos secretos. Me aferro al frasco lleno, a la chistera con conejo, a la pluma con tinta, a los orgasmos con dueño.

Claudico ante la evidencia. Ante lo arcaico de la raza, ante lo primitivo de la esencia.   

Y en el alud del deseo, se abren los pétalos, se muerden la carne, y penetra la lengua en la guarida secreta de los sabores sin dueño.  Danzando sedientos, saciando la sed, en el manantial donde todo nace, donde todo crece, donde se mitiga el ansia, la bulimia de esta hambre, que chorrea por mi espalda pidiendo clemencia.

Reptan tus ramas por la curvatura perfecta de la cintura acuñada. Desatando a la fiera, a la niña indomada, a la diosa del agua, al gameto que hierve en las ascuas, avivando este fuego. Evaporándose, por los pliegues de esta piel, los olores lascivos, que despiertan tu aliento.

E irrumpes procaz, en la cueva sibila que reconoce tu aroma. Fosa, que evoca a los efluvios de la llama perpetua, a las noches sin calma, a este indecoroso deseo que no responde al tribunal de la decencia.

Y me abro famélica en busca de la cascada, de ese torrencial que fluya bajo mis piedras, que anegue todas mis estancias, que inunde la tierra yerma.

Pero en el cristalino del ventanal despierta el día y reconoces mi estirpe. Los infiernos que me arden por dentro, los albores de la eclosión, los avernos que preñan mis miedos.  

Y entonces, beso tu boca, cierro mis pétalos y vuelvo a mi invierno.

Hilave septiembre 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

LA EVIDENCIA SE HA VESTIDO DE GALA


                                                LA EVIDENCIA SE HA VESTIDO DE GALA 

Suenan violines en esta mañana fría donde el silencio emerge con mucha fuerza. Se regodea la arena meciendo al son de clarinetes, los restos de este naufragio. Se recompone el aire, y  los huecos arcanos del desastre, se elevan lentamente hasta encontrar la salida. 

Se ensancha el camino, sobreviví al derribo, a las piedras que mataban, a lo gélido del camino, al fuego que calcinaba. Y entendí, que hay pasiones que queman, que abrasan, que matan. Sí,  pero que enriquecen, te elevan, te aventajan.  

Comprendí que hay códigos sutiles, que sólo conoce el alma. Pequeñas fisuras en las grietas de las murallas. Lágrimas que no duelen, que se deslizan suavemente derrotando barricadas. Porque, en ocasiones, las lágrimas definen posiciones, te ubican en la batalla.

 Destripé las vocales que delatan. Las que se quedan en el olvido, los pensamientos que nunca salieron por la garganta. Porque  hay silencios que reptan sutilmente por las entrañas, se escuchan en las acciones, en las manos que disimuladamente te bajan. En el anonimato, desde la distancia.  Sin fuegos artificiales, sin las farándulas de este teatro de máscaras.  

Entendí que hay cruces de caminos, que te despistan, te enredan, te desgastan. Motores que se apagan ante la avalancha. Misterios que vuelan en el aire soltando carcajadas, castas que se reconocen por la nobleza que calzan, estruendos repentinos que te ciegan y te sacian.

Se acabó el postre de este almuerzo. Demasiados platos indigestos, empachos que emborrachan. Ebria de decepciones, beoda de desesperanzas.

Se secó el río que abastecía las dos orillas. Las luces tenuemente se apagan. Cerrando capítulos, dando por concluida la hazaña.

Cae una lágrima en la cuneta del olvido. Cesan las preguntas. La evidencia se ha vestido de gala.

                                                                                    

                                                                                                            HILAVE  Septiembre 2011